El gas de
Camisea y el ejemplo argentino
La República, Vie, 26/06/2009 - 00:00
Por Humberto Campodónico
A principios del 2004, el gobierno argentino
comunicó a las autoridades chilenas que no podía seguir suministrando gas por
los gasoductos que unen a ambos países. Dijo el gobierno argentino que las
reservas de gas existentes no alcanzaban para satisfacer el consumo de su
mercado interno y, a la vez, continuar con la exportación. Las restricciones
han llegado, en ocasiones, a más del 90% del total comprometido.
Como es lógico, el gobierno chileno se quejó
fuertemente, con una serie de argumentos, tales como el respeto a los contratos
que, además, habían sido suscritos por empresas privadas a ambos lados de la
frontera.
El gobierno argentino lamentó los perjuicios que
sufriría Chile por esa medida (millonarias inversiones en los gasoductos, en
los tendidos de las redes y en los contratos suscritos por las industrias para
abastecerse de gas natural), pero que su primera obligación era atender a sus
ciudadanos, que no podrían entender que en Argentina falte gas, porque se está
yendo a Chile.
Y así fue. Las exportaciones siguen restringidas
hasta hoy. En el ínterin, el gobierno chileno no se quedó con las manos
cruzadas. Le encomendó a la estatal petrolera ENAP que construya un Terminal de
regasificación en la costa central para traer barcos con Gas Natural Licuado.
Ese Terminal –que ha costado US$ 1,000 millones– ya se terminó y en pocos días
llegará a Quintero el primer cargamento de gas.
Hay varias lecciones. Primero, que la prioridad de
todo Estado en materia energética es el abastecimiento de su mercado interno.
Ese es el punto de partida y es lo que establecían las leyes peruanas, hasta
que fueron cambiadas bajo el gobierno de Toledo (ver Camisea: Así fue la cosa,
www.cristaldemira.com, 22/6/09).
Pero ese cambio –y el compromiso de exportar la
mitad de las reservas probadas a México–no modifica la prioridad que tienen los
peruanos de usar su gas. Con ese mismo argumento, el gobierno argentino no
hubiera podido restringir las exportaciones a Chile.
Segundo, se debe proceder de inmediato a la
renegociación del contrato del Lote 88 (donde están las mayores reservas) para
que el 100% de su producción sea destinado exclusivamente al mercado interno.
Si eso causa perjuicio a Peru LNG habrá que sentarse a la mesa a negociar una
solución, que respete que esas reservas se quedan en el Perú. Se podría
exportar las nuevas reservas que se encuentren, como los 2 TCF de Repsol (socio
de Peru LNG) en el Lote 57.
Tercero, las reservas del Lote 88, primero, y del
Lote 56, después, revirtieron gratis al Estado porque Shell (empresa que las
descubrió) no las pudo explotar, por distintas razones. Es por eso que el
Estado puede fijar el precio del gas, algo que no va a suceder con los nuevos
descubrimientos.
Es inconcebible que sean esas reservas –nuestro
pasaporte para una nueva matriz energética con una menor dependencia del caro
petróleo importado– vayan a la exportación, privándonos de un energético
barato, que da competitividad a la industria y combustible barato (como lo
saben los taxistas).
Cuarto, queda clarísimo que al modelo primario
exportador no le interesa el consumo de gas por los peruanos, sino sus
negocios. En este caso, el choque de intereses aparece en su totalidad.
El país necesita un Plan Energético Integral y una
modificación radical de la Ley de Hidrocarburos 26221 de 1993, que otorga la
propiedad del petróleo y el gas a los inversionistas privados, motivo por el
cual hacen lo que les da la gana con nuestros recursos naturales. En el
ínterin, no debe salir una molécula del gas del país si es que no está
plenamente garantizado el abastecimiento pleno del mercado interno. No hay
política energética sin el Estado: lo demuestra Argentina y, también, Chile,
que buscó, y ya consiguió, poner en marcha alternativas energéticas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario